Bajé la mirada y
ahí estaba; tú me lo regalaste;
lo envolviste en celofán
con mucho cuidado;
yo estaba feliz con tu regalo
Al principio no me di cuenta qué era,
hasta que lo vi de cerca;
estaba latiendo todavía,
parecía reírse, burlase de mí;
las heridas eran evidentes
y a cada latido la sangre brotaba;
hilos delgados de sangre
corriendo, finos,
silenciosos, constantes.
Mi corazón empezó a latir con rapidez
y así vi cómo se me iba la vida
F.Des.

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