Una hora, dos horas, tres horas, 12 horas;

un día, dos días, tres días, cuatro días, cinco días;
una semana, un mes, un año, toda la vida.
Un minuto de amor es mejor que todas las noches de desamor.
Una noche de soledad es peor que mil años de esperanza.
Qué me queda entonces?
Tomarme un vaso de soledad con una gotita de esperanza
y cruzar los dedos para que éste sea el remedio,
el consuelo,
o al menos el placebo.

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