Es increible como las penas del alma se vuelven físicas en mi. Varias semanas de desamor bastaron para quitarme el sueño, el hambre y las ganas de trabajar. También me trajeron problemas digestivos; cada vez que el nivel de stress sube mi intestino enloquece, o será mi estómago? no sé; lo que sí sé es que se vuelve un verdadero suplicio. Quiero aclarar que estoy acostumbrada a niveles muy altos de stress, soy estudiante de doctorado y creo que eso lo dice todo; pero últimamente todo se juntó. En fin, los días pasaron, el desamor no ha acabado pero mi organismo lo ha ido digiriendo poco a poco, muy a mi pesar. El sueño volvió, parcialmente pero volvió; el hambre también; nomás falta que mi intestino entienda que hay que seguir adelante.
F.Des

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